“Hay que dejar de pensar en las próximas elecciones y empezar a pensar en las próximas generaciones”

18 diciembre, 2012 Compartir: |

Abel Albino y Mariana Arias   Abel Albino nació en Buenos Aires pero se trasladó a Mendoza donde creció junto al deseo de su padre de que se convirtiese en médico. Se rebeló y estudió abogacía, sin embargo se decidió a cumplir con al anhelo de su progenitor que finalmente entendió que era el suyo. Su vocación verdadera llegó muchos años después cuando descubrió su lugar en la vida. Es el creador de la Fundación CONIN que desde 1993 se ocupa de la desnutrición infantil en La Argentina (cuenta con 40 Centros de Prevención distribuidos en 15 provincias). Un hombre que ha dedicado su vida a los otros poniendo por delante siempre a los niños. “Es mi obligación moral que cada uno de los niños pueda desplegar todo su potencial genético, sólo así habrá igualdad de oportunidades”. MA: ¿Cuáles fueron las señales que lo llevaron a orientar su vida? ALBINO: En Europa, caminando por una calle de la universidad en donde me dedicaba a la biología molecular, un día vi un diario en una acequia y lo levanté, era una entrevista a la Madre Teresa De Calcuta; le preguntaban qué es la paz -yo no estaba en paz-; ella respondió: “El fruto del silencio es la oración, el fruto de la oración es la fe, el de la fe es el amor, el del amor es el servicio; el fruto del servicio es la paz”. Dejé Europa y volví a la Argentina decidido a servir. MA: ¿De qué se dio cuenta? ALBINO: Me di cuenta de que estaba haciendo una especialidad del futuro (biología molecular) y que soy hijo de un país que no tiene solucionado su pasado. Podía subirme al tren del desarrollo y partir, pero también sabía que mucha gente se quedaba. Soy médico de niños y si hay solo uno que me necesita, lo correcto es que vuelva, me dije. Y volví. Lo dice con simpleza, como si hubiera sido la decisión más natural del mundo. Lo cierto que Abel Albino renunciaba a un futuro personal promisorio para buscar la manera de ayudar a los demás; eso era lo único que sabía con certeza. ALBINO: Cuando llegué a la Argentina estuve con el Profesor Dr. Fernando Mönckeberg en Chile, gracias al cual ese país cuenta con el índice más bajo de desnutrición en Latinoamérica. Me explicó que la desnutrición es la única debilidad mental que se puede prevenir, la única que se puede revertir y la única creada por el hombre. Nos enteramos que en América Latina existe un 40% de familias que vive en pobreza crítica, y un 20 % en pobreza absoluta, eso compromete a 60 millones de niños. 60 millones de niños tienen sus necesidades básicas insatisfechas y no podrán servirse a sí mismos ni servir a los demás. Los números, siempre fríos, asustan cuando se trata de niños con padecimientos. Abel Albino aprendió a sonreír pese a la adversidad; se trata de una sonrisa alerta, como la que me ofrece en esta entrevista, esa que ahora esboza su rostro cuando dice que la principal riqueza de un país es su capital humano y que sin ese capital el país no tiene futuro. ALBINO: Entonces me di cuenta de que éste no es un problema más, éste es “el tema”. MA: ¿Este tema ha sido prioridad para alguno de los gobiernos que usted conoce hasta hoy; le han ofrecido tiempo, dinero, políticas públicas para solucionarlo? ALBINO: Yo creo que el problema de la desnutrición se tuvo en cuenta antes, en aquel momento cuando se dijo que “gobernar es poblar” (Alberdi). Desde ahí, durante 50 años, se puso al país en el séptimo lugar del mundo. Descendimos al lugar 86, yo creo que debemos volver a eso. MA: ¿Cómo pone la primera piedra de CONIN? ALBINO: Me cayó la ficha cuando volví a ver a Mönckeberg y le hice dos preguntas: “¿Nos enseñaría desnutrición?”. Y la segunda, “¿Se vendría con nosotros a La Argentina para crear una fundación para combatirla?”. Me abrazó y me dijo: “No sabés lo feliz que vas a ser”. Empecé la fundación subido a un lata de 20 litros debajo de un árbol y les decía a mis hijas: “El único trabajo que se comienza de arriba es el de cavar zanjas después, todo lo demás se empieza de abajo”. Empecé bien de abajo. Convencido de que si no nos ocupamos de los chicos no nos ocupamos del futuro, Albino detalla cuáles son los pasos a seguir para construir. ALBINO: Si nosotros queremos un gran país tenemos que hacer cinco cosas: primero, preservar el cerebro dentro del embarazo y primer año; segundo, educar ese cerebro. Si no tengo cerebros intactos no tengo qué educar. Después necesitamos cloacas, agua corriente y caliente, luz eléctrica en cada casa argentina. Con esas cinco cosas tengo una potencia en 30 años. Pero para eso hay que dejar de pensar en las próximas elecciones y empezar a pensar en las próximas generaciones. MA: Me parece un deseo difícil de cumplir y tan obvio por otra parte. ALBINO: Si yo educo, el desarrollo es una consecuencia. La educación es el valor agregado más notable que puede tener una persona, pero antes tiene que tener cerebro. Un gran país se hace con miles de niños leyendo, pero para leer y escribir hay que tener cerebro. ¿Cómo se desarrolla el cerebro? ¿Con cuánto nace el niño? Cuando nace el niño su cerebro pesa 35 gramos y cuando camina pesa 900 gramos. La etapa más importante de la vida es el primer año, aquí se juega la suerte de ese individuo, de ese pueblo, de esa nación, en el primer año de vida. Ahí se marca la diferencia. MA: ¿Cuáles son las políticas públicas que el gobierno debería implementar para ocuparse de este primer año? ALBINO: El control estricto de la embarazada, ella es una joya, un tesoro. Protección de la embarazada y del niño en su primer año. MA: ¿Eso es todo? ¿Cuál es el trabajo que ha hecho la fundación? ALBINO: De nada sirve que yo alimente a un chico desnutrido, lo recupere en su peso y lo devuelva a su ambiente hostil. Si queremos quebrar la desnutrición lo que debemos hacer es una abordaje integral de la problemática social: educación nutricional, educación para la salud, lactancia materna, jardín maternal, jardín infantil, estimulación temprana, escuela de artes y oficios, programa de educación agraria, lectoescritura para analfabetos, ropero familiar, club de padres, escuela para padres, documentación y legalización de la familia, alcoholismo, inmunizaciones. Así trabajamos en CONIN. Los que hemos aprendido a leer y a escribir en este querido país tenemos la obligación moral de hacer que cada uno de los niños pueda desplegar su potencial genético para tener igualdad de oportunidades. Soy médico y soy médico de niños. El médico de niños es el abogado de los niños. MA: ¿Es tan difícil hacerlo? El que lo hiciera sería el ganador de las elecciones. ALBINO: Esto no se soluciona en una década, esto se soluciona en una generación, pero hay que ponerse a trabajar ahora. La mortalidad infantil es un indicador indirecto de la desnutrición, sin embargo en la Provincia de Tucumán el Ministro de Salud actual de la Argentina instaló que todo chico de menos de 800 gramos no sea considerado nacido vivo, así se modificaron las estadísticas. MA: ¿Tenemos estadísticas en el país sobre la desnutrición infantil? ALBINO: Siempre hemos sido difíciles los argentinos con las estadísticas, dicen que las estadísticas para los políticos son como los faroles para los borrachos, a ninguno de los dos les interesa que iluminen, se agarran para no caerse. La acertada imagen que dibuja Albino en torno a los políticos lo hace sonreír una vez más. Sigue siendo una sonrisa alerta, pero entreveo también una mueca de desazón o fastidio. MA: Sería fundamental conocer números para poder solucionar el problema. ALBINO: Un ministro chileno dijo que tenemos las mejores peores estadísticas de América Latina, y así se puso de pie chile. Yo no tengo problema en tener un cáncer, mi problema es que no me lo diagnostiquen. Si no me lo diagnostican no puedo luchar contra la enfermedad. Y esto es como un cáncer social, tenemos que verlo, tenemos que quebrarlo. MA: ¿Por qué nunca aceptó cargos políticos? ALBINO: Simplemente porque no hay continuidad en materia de políticas públicas. En cambio, yo veo que en el tercer sector de las ONG sí hay continuidad. ***

Autor: Mariana Arias

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